Friday, January 28, 2011

28 de enero - Natalicio de José Martí


Natalicio de José Martí, Apóstol de Cuba

José Martí

Nació José Martí, Apóstol de Cuba, el 28 de enero de 1853 en la Ciudad de La Habana. Don Mariano Martí Navarro, natural de Valencia, sargento primero del Real Cuerpo de Artillería fue su padre. Don Mariano Martí fue a Cuba cuando la unidad militar a la que pertenecía fue trasladada a la Isla. Doña Leonor Pérez Cabrera, natural de Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias fue su madre. En la década de 1840 Doña Leonor Pérez fue con su familia a Cuba.

Casa Natal de José Martí

José Martí fue el primogénito y único niño del matrimonio Martí y Pérez. Siete hermanas compartieron el hogar con el Apóstol: Leonor Petrona “Chata” (1954), Mariana Matilde “Ana” (1856-1875), María del Carmen “La Valenciana” (1857), María del Pilar (1859-1865), Rita Amelia (1862), Antonia Bruna (1864) y Dolores Eustaquia “Lolita” (1865-1873). Excepto por María del Carmen, que nació en Valencia, todos los hermanos Martí y Pérez nacieron en La Habana. Fue en la casa donde residía el matrimonio Martí y Pérez junto con un primo de don Mariano, Nº 41 de la calle Paula, donde nació José Martí. Esta casa se encuentra cerca de la Terminal de Trenes actual y en los tiempos del nacimiento de José Martí, de la Muralla de La Habana llegando a su extremo dentro de la Bahía de La Habana.


1869 José Martí es encarcelado a causas de la carta encontrada en la casa de los Valdés Domínguez. 4 de marzo de 1870 - José Martí recibe la pena de seis años de presidio político, Fermín Valdés Domínguez la de seis meses de arresto mayor y su hermano Eusebio es deportado.


24 de febrero de 1895 - Grito de Baire- Por la “Orden de Levantamiento” del 29 de enero de 1895, menos de un mes, se da el “Grito de Baire”, comienza de la “Guerra de Independencia de Cuba”.

Por Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 115-116 nos describe los acontecimientos del 24 de febrero de 1895 en la Historia de Cuba:

"Las instrucciones enviadas desde Nueva York por Martí a su delegado en La Habana, ya avezado servidor de Cuba en medio de peligros y persecuciones, Juan Gualberto Gómez, había puesto en movimiento a los comprometidos a llevar la nueva demanda contra España. El entusiasmo, de antes prendido en los pechos honrados, se sentía entonces más inflamado que nunca. La hora de renovar las viejas proezas de la guerra se aproximaba. Más aún: parecía advenir el día de la felicidad misma del pueblo cubano. Las cadenas arrastradas durante cuatro siglos pesaban demasiado, y el solo hecho de decidirse a romperlas era como sacudir un profundo letargo. En Cuba existía fuerte raigambre de descontento y enemiga hacia los procedimientos que el régimen colonial se empeñaba en perpetuar con daño para los intereses inmanentes del país. El incumplimiento de promesas hechas en momentos solemnes, el atraso padecido por la mayoría, la corrupción administrativa y del pueblo de la Isla y las trabas con que tropezaban manifestaciones esenciales del progreso colectivo alimentaban los naturales anhelos de independencia. La certidumbre de que sólo por medio de las armas alcanzaría Cuba una situación más libre y próspera crecía sin cesar. La salida de Juan Gualberto Gómez de La Habana, los aprestos del grupo dirigido en Manzanillo por Bartolomé Masó y la ausencia de Santiago de Cuba de muchos de los señalados como fáciles a tomar las armas de la rebeldía, con otras novedades de parecida índole, fueron síntomas inequívocos de que la guerra estaba pronta a estallar. La fe patriótica tuvo que experimentar favorables reacciones. Los clanes del Partido Revolucionario Cubano iban a entrar en franco período de ejecución. La obra preparada a costa de sacrificios y amarguras en la emigración, bajo la jefatura del Apóstol, comenzaría a traducirse en el desplome del sistema colonial"...

De la revista Bohemia del 24 de febrero de 1952 “La Revolución de Martí” por Baldomero Alvarez Ríos dibujos de Rodolfo Peña Mora:

..."El 29 de enero es firmada la orden del levantamiento por Martí como Delegado del PRC; Mayía Rodríguez, en representación del Generalísimo Gómez, y Enrique Collazo, Comisionado de la Junta Revolucionaria de La Habana. Pero, ¿cómo se enviaría la orden a Cuba para que no la descubrieran los españoles ni aquellos norteamericanos enemigos de Cuba? La feliz iniciativa de que viniera desde Cayo Hueso envuelta en un tabaco, dirigida al representante legal y único de la Junta Revolucionaria, Juan Gualberto Gómez, resultaba certera. Entregada por Martí a Gonzalo de Quesada en New York, este viene con ella al Cayo y la hace llegar a Miguel Angel Duque de Estrada, que rebasa satisfactoriamente el viaje con la trascendental misión, saliendo en el barco "Mascotte" en la noche luminosa del 21. En pocas horas, al amanecer del 23, está en La Habana. Pronto el valioso tabaco llega a poder de Juan Gualberto. Este sabe, está consciente, que la atención de Cuba irredenta se concentra en el diminuto papel impregnado de la aromosa hoja y de las ansias libertadoras de un pueblo que no quería continuar soportando la pesada carga y el doloroso vía crucis absolutista con su vejaminosa intransigencia; ni arriesgarse a un autonomismo sumido a la España colonial, y a las falsas reformas políticas anunciadas. Juan Gualberto no demora su rol en la conspiración. Corre a la residencia de López Coloma, en el número 74 y medio de la calle Trocadero. Los miembros de la Junta Revolucionaria, convocados con el apremio que la situación requería, toman el acuerdo de que sea el 24 la del inicio de la gesta heroica, fecha en que, por celebrarse los festejos del Carnaval, despistaría a las autoridades españolas"...


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